Carreras de caballos

     Pruebas de velocidad entre dos o más caballos, normalmente de la raza pura sangre, que son conducidos o montados sobre una pista especial. Es uno de los deportes más antiguos y todavía popular en la mayoría de los países y, también, uno de los más organizados y comercializados. Abarca lo que técnicamente se denomina carreras lisas (que son el objeto principal de este artículo), carreras de trotones o arneses y carreras de obstáculos.

Las carreras lisas son pruebas entre dos o más caballos de silla, normalmente de pura sangre, montados por yoqueys, que se desarrollan en pistas construidas especialmente para ello o hipódromos, durante un recorrido que puede variar normalmente desde 396 m hasta 22,4 kilómetros. El deporte se llama carreras lisas para diferenciarlo de otras carreras de caballos, que consisten en saltar sobre obstáculos que dan el nombre a otro deporte, las carreras de obstáculos. Para igualar la competición entre caballos de una clase determinada, cada animal tiene asignado un handicap o compensación de peso basado en factores tales como su edad, su sexo, sus récords anteriores y la experiencia del yoquey. Se colocan barras de plomo debajo de la silla para igualar la diferencia entre el peso asignado y el peso del yoquey.

Historia

    La historia de las carreras de caballos data del siglo X a.C. Anteriormente no se habían criado caballos lo suficientemente robustos como para transportar jinetes a lo largo de distancias significativas, aunque era normal el uso de caballos tirando de carros. La primera carrera formal de caballos montados por jinetes tuvo lugar en Grecia. En la antigua Roma, se celebraron carreras de caballos de forma ocasional, aunque las carreras de carros o cuadrigas eran mucho más frecuentes. Después de la caída de Roma en el siglo V, declinaron en Europa occidental la cría y las carreras de caballos.

En el siglo VI se introdujo la monta a caballo en Oriente Próximo por religiosos musulmanes que viajaron a caballo buscando conversos. Cuando los musulmanes conquistaron la península Ibérica en el siglo VIII, montaban caballos fuertes y veloces de un tipo de cría desconocido hasta entonces en Europa; también usaban estos caballos para tirar de vehículos. La fama de los corceles árabes se extendió en siglos posteriores por toda Europa. En 1110, Enrique I de Inglaterra importó desde España un semental árabe. El semental y otros caballos árabes fueron apareados más adelante con caballos ingleses, que eran fuertes pero lentos, para criar caballos veloces y útiles para la guerra.

 


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